En 1980, Xerox le regaló una impresora láser al Laboratorio de IA del MIT. La impresora
anterior del laboratorio se trababa a cada rato, así que los hackers leyeron el código y
modificaron el software para que avisara a todos los que tenían un trabajo en cola cada vez
que se atascaba el papel. Molestia, parche, resuelto. Esa era la relación normal con el
software en aquel entonces. Lo arreglabas.
La impresora nueva también se trababa. Esta vez no había código fuente. El Dr. Stallman
rastreó a un investigador de Carnegie Mellon que tenía una copia, y el hombre se negó a
compartirla porque había firmado un acuerdo de confidencialidad. Había prometido, por
escrito, no ayudar a su prójimo. El Dr. Stallman después señaló ese momento como el instante
en que entendió lo que el software privativo es en realidad: un sistema para mantener
indefensos a los usuarios. GNU se anunció tres años más tarde. Todo el movimiento se remonta
a un aparato de oficina y una promesa rota.
Cuarenta y cinco años después, la impresora sigue siendo el objeto más hostil al usuario de
todo el edificio, exactamente por la razón que nadie arregló en 1980. Los cartuchos de tinta
llevan chips criptográficos para que la máquina pueda rechazar tinta más barata. Las
actualizaciones de firmware llegan en silencio y inutilizan los cartuchos de terceros que
ayer funcionaban. Hay impresoras que se niegan a escanear, una operación que usa
cero tinta, porque lo dice un contador de tóner. Los drivers quedan abandonados, y una
máquina en perfecto estado se convierte en chatarra electrónica porque el software se pudrió
y a vos te está prohibido curarlo. Nadie arregló nunca el atasco. Lo monetizaron. Cada plan
de tinta por suscripción es aquel acuerdo de confidencialidad de CMU con un departamento de
facturación adosado.
Así que seamos precisos con las palabras. “Abierto” es un término de marketing. Se acuñó en
1998 expresamente porque “libre” hacía fruncir el ceño a los compradores corporativos, y ese
gesto te dice mucho. A estas empresas no las asusta un precio. Las asusta una palabra que te
da derechos a vos. Cuando un término espanta justo a quienes lucran con tu
indefensión, seguí usándolo.
El software libre data de 1983. El Dr. Stallman anunció GNU en septiembre de ese año, la
Free Software Foundation llegó en 1985, y la GPL convirtió las cuatro libertades en algo que
se podía hacer valer en un tribunal. Para cuando alguien dijo “código abierto”, el
movimiento que renombraba tenía quince años de código a cuestas: Emacs, GCC, la mayor parte
de un sistema operativo funcional.
Y la prédica importó tanto como el código. En 1991 un estudiante finlandés empapado del
mundo GNU escribió un núcleo por diversión, lo licenció bajo la GPL del Dr. Stallman y lo
dejó caer sobre los quince años de herramientas GNU que ya lo estaban esperando. Ese
estudiante era Linus Torvalds, y por eso Linux se volvió un sistema operativo en vez de un
tarball de hobby. En 1997 Werner Koch escuchó al Dr. Stallman hablar en Alemania, instando a
los europeos a construir un reemplazo libre de PGP que la ley estadounidense de exportación
de criptografía no pudiera tocar; Koch volvió a su casa y escribió GPG, la herramienta en la
que periodistas y disidentes todavía se juegan la vida. Sin prédica, no hay Linux ni GPG. El
predicador era estructural.
El código abierto llegó en 1998, y llegó como argumento de venta. Parte de la comunidad
había decidido que la palabra libertad espantaba a los clientes, y fueron francos sobre el
arreglo:
Algunos de los partidarios del código abierto consideraban el término una “campaña de
marketing para el software libre”, que apelaría a los ejecutivos de empresas destacando los
beneficios prácticos del software, sin plantear cuestiones de bien y mal que quizás no
quisieran escuchar.
Millones de personas hoy usan y escriben software libre bajo otro nombre, y la mayoría no
escuchó jamás el argumento original. Como dice el Dr. Stallman, la mayor parte de la
discusión sobre el código abierto “no presta atención al bien y al mal, solo a la
popularidad y al éxito”.
Libre significa libertad, no precio. Libertad de expresión, no barra libre. Un
programa es software libre cuando su licencia respeta cuatro libertades, y cada una de ellas
le pertenece a la persona que usa el programa. Se leen como una carta de derechos porque eso
son. Enumeradas, inalienables, e infringidas con la misma frecuencia:
libertad 0
Ejecutarlo, con cualquier propósito
Usalo para lo que sea, donde sea, para siempre. Sin lista de propósitos aprobados. Acordate de esta; vuelve a aparecer más adelante.
libertad 1
Estudiarlo, cambiarlo
Leelo, aprendé de él, reescribilo. El acceso al código existe para servir a esta libertad, no al revés.
libertad 2
Redistribuir copias
Dale una copia a quien la necesite. Ayudar al prójimo es el objetivo del diseño, no un caso borde de piratería.
libertad 3
Compartir tus versiones modificadas
Publicá tus modificaciones, para que tus arreglos lleguen a todos los que llega el programa.
La GPL se escribió para garantizarlas “para todos los usuarios de un programa”, incluido
alguien tres distribuidores más abajo del autor. El copyleft es solo libertad con un
mecanismo de cumplimiento adosado. El Dr. Stallman llama a estas libertades esenciales “no
solo por el bien del usuario individual, sino para la sociedad entera”, y acá está el
detalle: el otro bando nunca discrepó de nada de eso. Simplemente dejó de mencionarlo.
La FSF y la OSI se pasan el día hablando de licencias, lo que hace fácil confundirlas.
Seguí la plata, mejor. La OSI vive del patrocinio corporativo, y sus patrocinadores son
algunas de las empresas más grandes del planeta. La FSF vive de cuotas de membresía de
personas individuales.
FSF desde 1983
Hace campaña por la libertad de los usuarios de computadoras. Esa es toda su misión.
Escribió la GPL, “diseñada específicamente para proteger la libertad de todos los usuarios de un programa”, y la defiende.
Sin miembros corporativos. Financiada por cuotas individuales y donaciones limitadas que no compran ni voto ni asiento.
Dice “libertad” en las reuniones, sin que nadie se lo pida, desde 1983.
OSI desde 1998
Aprueba licencias. (El control de calidad se ve en la §05.)
Mantiene una definición que nunca te otorga el derecho a ejecutar el programa. (§04.)
Fundada para hacerle el software libre digerible a las empresas, con la ética limada.
Microsoft y Google no patrocinan cosas por sentimentalismo. La plata a esa escala conduce,
diga lo que diga el organigrama. La FSF es estructuralmente imposible de comprar de esa
manera: no existe membresía corporativa que comprar. Una empresa puede donar, con límites, y
lo que esa donación compra es nada. Una de estas organizaciones existe para defenderte de
las corporaciones. La otra les manda una canasta de bienvenida.
Y cuando una licencia se viola de verdad, solo una de las dos aparece. La FSF mantiene un
laboratorio de licencias y cumplimiento, contesta consultas de licencias gratis, y posee los
derechos de autor que hacen posible la ejecución legal. Cuando Cisco despachó código GPL en
los routers Linksys sin ofrecer el código fuente, la FSF los llevó a un tribunal federal en
2008 y llegó a un acuerdo en sus términos: código publicado, un responsable de cumplimiento
de software libre designado, dinero pagado. Quien viola la GPL puede esperar un juzgado. La
OSI no ofrece nada comparable. No posee derechos de autor, no tiene programa de
cumplimiento, y jamás en su vida hizo valer una licencia; las sella y se va. Si acaso, la
institución se inclina para el otro lado: su cofundador pasó años sosteniendo que el código
abierto “ya no necesita la GPL”. Certificar docenas de alternativas al copyleft sin defender
ninguna no es neutralidad. Es una manera de trabar la única licencia construida para pelear.
Acá está el problema estructural, directo del ensayo: casi todos los puntos de la Definición
de Código Abierto están “formulados como condiciones sobre la licencia del código fuente y
no sobre lo que los usuarios son libres de hacer”. Diez criterios sobre cómo puede
distribuirse el código. Nada sobre lo que vos podés hacer con él una vez que lo tenés.
Probalo vos. El documento es corto:
run0/0
documento: The Open Source Definition · coincidencias: ninguna
freedom0/0
documento: The Open Source Definition · coincidencias: ninguna
user0/0
documento: The Open Source Definition · coincidencias: ninguna
La palabra “use” aparece una vez, en una regla sobre campos de aplicación: una licencia no
puede prohibir que el programa se use, digamos, en un laboratorio de genética o en una
empresa. Útil, pero eso es una restricción sobre restricciones, no un derecho que te
entregan. En ningún lugar la definición dice que podés ejecutar el programa. La FSF numeró
esa libertad como cero porque todo lo demás depende de ella. La OSD se la saltea porque la
OSD es un documento sobre licencias, escrito para quienes las despachan. Los usuarios no
eran el público.
Si la OSD capturara de verdad la libertad, ninguna licencia podría pasar la revisión de la
OSI y reprobar la de la FSF. Varias lo hicieron. Todo lo que sigue es oficial y
certificadamente código abierto. Nada de esto es libre:
Prueba A — el testigo estrella
Sybase Open Watcom Public License 1.0
OSI
Aprobada. ¡Bienvenida a bordo!
FSF
No libre.
Modificalo y simplemente usalo vos (en tu casa, solo, con las persianas bajas) y eso cuenta como “Deploy”, lo que te obliga a publicar tu código fuente. Usar tu propio software ahora es un acto jurídico.
Según el Dr. Stallman: “no permite hacer una versión modificada y usarla en privado”. Exactamente la libertad que la OSD se olvidó de exigir.
NO LIBRE
Prueba B
Reciprocal Public License 1.5
OSI
Aprobada. ¡Bienvenida a bordo!
FSF
No libre.
Te exige publicar toda versión modificada que uses, para cualquier propósito (privado incluido), y restringe la venta de copias. Transparencia obligatoria, pero solo para vos.
Reciprocidad, en el sentido en que una máquina expendedora te devuelve el cariño.
NO LIBRE
Prueba C
NASA Open Source Agreement 1.3
OSI
Aprobada. ¡Bienvenida a bordo!
FSF
No libre.
Las contribuciones deben ser tu “creación original”, así que incorporar código libre existente de terceros queda descartado. Una licencia de colaboración con miedo a colaborar.
No es ciencia de cohetes. Legalmente, sin embargo, lo es.
NO LIBRE
Prueba D
Artistic License 1.0
OSI
Aprobada. ¡Bienvenida a bordo!
FSF
No libre.
Tan vaga que la FSF no pudo determinar qué permite realmente, con cláusulas célebremente “demasiado ingeniosas para su propio bien”. Perl se salvó de la onda expansiva con doble licencia.
El equivalente licenciero de las vibras.
NO LIBRE
Estas cuatro son las pruebas famosas, no el expediente completo. La lista de licencias de la
FSF registra más licencias aprobadas por la OSI que clasifica como no libres, y un montón de
letra chica hostil a la libertad a la que esta página ni llega. Los nombres cambian; el
veredicto no. Ninguno de estos documentos fue escrito para proteger tu libertad.
Las restricciones también se apilan encima de las licencias, donde ninguna definición está
mirando. El Dr. Stallman señala el compilador de Rust: posiblemente no libre en la práctica,
no por su licencia sino por términos de marca que prohíben vender copias o distribuir
versiones modificadas bajo el nombre. Así que ni siquiera una licencia totalmente libre
cierra la cuestión, porque la casilla de verificación nunca mira más allá de la licencia.
“Software libre” es ambiguo (¿libre de qué?), pero un eslogan lo arregla, y una vez que
escuchaste “libertad de expresión, no barra libre” no volvés a equivocarte. “Código abierto”
tiene el problema peor: su lectura literal es sencillamente incorrecta. Para la mayoría
significa “podés mirar el código fuente”, que describe el software de código
disponible, una cosa mucho más débil. Ningún eslogan puede sacarle al público la
lectura obvia. Miralo fallar en su hábitat:
“Linux es software de ‘código abierto’, lo que significa, simplemente, que cualquiera
puede obtener copias de sus archivos de código fuente.”
“El OSS es software cuyo código fuente está disponible gratuita y públicamente, aunque
los acuerdos de licencia específicos varían en cuanto a lo que se permite hacer con ese
código.”
Y la palabra siguió a la deriva. Gobierno abierto, educación abierta, ciencia abierta, lo
que sea abierto. A esta altura suele significar apenas “participativo”, y en palabras del
Dr. Stallman, “en el peor de los casos, se ha convertido en una palabra de moda vacía”. Un
movimiento puede sobrevivir a los ataques. Sobrevivir a convertirse en palabra de moda es
más difícil.
Supongamos que la licencia está bien y el código de verdad está ahí arriba, replicado y
empaquetado. El aparato en tu mano igual verifica firmas criptográficas y se niega a
arrancar cualquier cosa que compiles a partir de él. El nombre industrial de esto es
tivoización. El del Dr. Stallman es más directo:
A estos dispositivos los llamamos “tiranos”, y la práctica se llama “tivoización” por el
producto (TiVo) donde la vimos por primera vez. Aunque el ejecutable esté hecho de código
fuente libre, los usuarios no pueden ejecutar de forma útil versiones modificadas, así que
el ejecutable es de facto no libre.
Esto no es un caso borde. Android es la plataforma de computación más vendida de la
historia, su núcleo es GPLv2, y la mayoría de los teléfonos Android se despachan exactamente
así. Código abierto en la etiqueta, tirano en la caja. Y según el significado llano de
“código abierto”, ni siquiera pasó nada malo.
La GPLv3 existe específicamente para prohibir esto. La FSF vio cerrarse la trampa y
reconstruyó la licencia. La respuesta del mundo del código abierto, en su mayor parte, fue
quedarse en la GPLv2 y seguir despachando. Cuando la filosofía es lo-que-funcione, los
tiranos son lo que funciona.
He jurado sobre el altar de Dios hostilidad eterna contra toda forma de tiranía sobre la
mente del hombre.
Jefferson hablaba de la tiranía sobre las mentes humanas. Tu teléfono tiene exactamente una
mente y un candado encima. Otro siglo, el mismo defecto de diseño.
El argumento del código abierto es que la apertura hace al software más potente y más
confiable. Eso invita una pregunta que el marco no tiene forma de procesar: ¿potente para
quién?
¿Y si el software está diseñado para encadenar a sus usuarios? Entonces la potencia
significa que las cadenas aprietan más, y la confiabilidad, que son más difíciles de
quitar.
Espionaje, restricciones, puertas traseras, actualizaciones impuestas. El Dr. Stallman las
enumera como prestaciones privativas estándar que “algunos partidarios del código abierto
quieren implementar en programas de código abierto”. El DRM de código abierto se propuso con
toda seriedad: publicá el código de la cosa que te restringe, dejá que la comunidad lo
endurezca, y después despachalo en un aparato que no podés cambiar. El código abierto, como
metodología, no presenta objeción a nada de esto. No hay nada en el marco con qué objetar.
El spyware de código abierto sigue siendo spyware. Solo que ahora podés leer exactamente
cómo te vigilan.
¿Por qué ocurrió la división, para empezar? Porque la ética incomodaba las reuniones de
ventas. “Plantear cuestiones éticas como la libertad… es pedirle a la gente que piense en
cosas que quizás preferiría ignorar”, y los ejecutivos no compran incomodidad. Así que los
líderes del código abierto dejaron de plantearlas. Esto es lo que produce ese entrenamiento
cuando aparece software privativo genuinamente excelente:
el entusiasta del código abierto
“Me sorprende que hayan logrado que el programa funcione tan bien sin usar nuestro
modelo de desarrollo. ¿Cómo consigo una copia?”
Esta actitud “premiará esquemas que nos quitan la libertad, conduciendo a su pérdida”.
el activista del software libre
“Tu programa es muy atractivo, pero valoro más mi libertad. Así que lo rechazo. Haré mi
trabajo de alguna otra manera.”
“Si valoramos nuestra libertad, podemos actuar para mantenerla y defenderla.”
El cambio de marca entregó usuarios de a millones, y los entregó desarmados. El código
abierto “trae a mucha gente a nuestra comunidad, pero no le enseña a defenderla”. Tarde o
temprano cada uno de esos usuarios recibe una oferta tentadora para volver a lo privativo
(mejores funciones, un plan gratuito, un descuento) y nada en la cosmovisión del código
abierto le da una razón para decir que no. Donde amar la libertad parece una excentricidad,
gana el descuento.
Nadie puede darte la libertad. Nadie puede darte igualdad ni justicia ni nada. Si sos un
hombre, la tomás.
Cuando en el curso de los acontecimientos informáticos se vuelve necesario que una comunidad
disuelva el vocabulario que la ha conectado con una página de patrocinadores, un respeto
decente a las opiniones de la humanidad exige que declare las causas. Mejor todavía: que las
demuestre.
“Libre” y “abierto” compiten por el mismo casillero en tu cabeza, y solo uno de los dos te
enseña algo mientras lo ocupa. “Toda actividad que promueve la palabra ‘abierto’ tiende a
extender la cortina que esconde las ideas del movimiento del software libre.” Cada
conferencia patrocinada y cada iniciativa corporativa de código abierto corre esa cortina un
poco más.
Las empresas que financian todo esto no están confundidas. Lo abierto es una metodología,
una cadena de suministro, un canal de contratación, una casilla de cumplimiento. Todo eso es
financiable. La libertad es una exigencia, y nadie financia exigencias contra sí mismo.
Nadie logró capturar los valores del movimiento, así que capturaron su vocabulario, y con
eso alcanzó. Los términos neutrales tampoco lo deshacen; sobre FOSS y FLOSS, el Dr. Stallman
es seco: “si querés defender la libertad, usar un término neutral no es el camino”.
La libertad nunca la entrega voluntariamente el opresor; tiene que exigirla el oprimido.
Así que separate. No por pureza, por aritmética. El vocabulario está tomado, la definición
tiene patrocinadores, y la organización que la sostiene les responde a ellos, no a vos.
Podrías seguir discutiendo esto para siempre. O podrías notar que dejó de ser una discusión
hace rato, porque es un teorema.
Ambas organizaciones son entidades sin fines de lucro 501(c)(3) de Estados Unidos, y ambas
publican sus finanzas. Eso convierte esta en la rara discusión de internet que se puede
zanjar con fuentes primarias. Cada enlace de esta sección lleva a un documento alojado por
las propias organizaciones.
La plata de la OSI es patrocinio corporativo, vendido en niveles con nombres como Titanium, Diamond, Platinum y Gold, igual que se venden los stands de una
conferencia. Microsoft lo hizo oficial en 2017,
sumándose a Google, IBM, GitHub, Facebook y Comcast en la página de patrocinadores. Existe
un programa de “Supporting Member” para individuos, pero es una puerta lateral en un
edificio diseñado para corporaciones. El informe anual 2025 le pone números: en 2024 la OSI recaudó $520.000 de patrocinios corporativos y $249.000 en
subvenciones, contra $26.000 de cuotas de membresía. La puerta lateral es el 2,4% del
edificio.
La FSF presenta el papeleo aburrido. Su estado auditado más reciente, FY2024 (ejercicio cerrado el 30 de septiembre de 2024) pone las cuotas de membresía en $676.664 y
las contribuciones directas en $381.322, sobre ingresos totales de $1.312.822. Hacé la
división: las cuotas y regalos individuales son aproximadamente cuatro quintos de todo lo
que recibió la FSF. El estado hasta detalla $22.389 en Bitcoin y Litecoin de donantes.
Activos netos al cierre: cerca de $1,35 millones. Ese es todo el cofre de guerra de la
organización que defiende la GPL, más chico que un error de redondeo en el presupuesto de
marketing de cualquiera de los patrocinadores.
Una organización es lo que sus ingresos hacen de ella. La §03 hizo este argumento con
adjetivos; esto es el mismo argumento en dólares, firmado por un auditor independiente. Si
creés que esta página maquilla los números, mejor. Andá a verificar: todos los estados financieros y Formularios 990 de la FSF son públicos, desde hace años.
Ingresos de la FSF por fuente · FY2024, auditados
Cuotas de membresía$676,664 · 51.5%
Contribuciones individuales$381,322 · 29.0%
Donaciones en Bitcoin y Litecoin$22,389 · 1.7%
Todo lo demás (ventas, intereses, en especie)$232,447 · 17.7%
tabla de datos
Fuente
USD
Parte
Cuotas de membresía
$676,664
51.5%
Contribuciones individuales
$381,322
29.0%
Donaciones en Bitcoin y Litecoin
$22,389
1.7%
Todo lo demás (ventas, intereses, en especie)
$232,447
17.7%
Ingresos totales
$1,312,822
100%
Fuente: estados financieros auditados de forma independiente, ejercicio cerrado el 30 de septiembre de 2024.
Ingresos de la OSI por fuente · 2024, autoinformados
Patrocinios corporativos$520,000 · 47.7%
Subvenciones (fundaciones)$249,000 · 22.8%
Contribuciones (tipo de donante sin declarar)$227,000 · 20.8%
Eventos y otros$69,000 · 6.3%
Cuotas de membresía$26,000 · 2.4%
tabla de datos
Fuente
USD
Parte
Patrocinios corporativos
$520,000
47.7%
Subvenciones (fundaciones)
$249,000
22.8%
Contribuciones (tipo de donante sin declarar)
$227,000
20.8%
Eventos y otros
$69,000
6.3%
Cuotas de membresía
$26,000
2.4%
Ingresos totales
$1,091,000
100%
Fuente: el propio informe anual 2025 de la OSI, columna 2024, redondeada allí al millar. Autoinformado; no es una auditoría independiente.
La misma pregunta, los dos libros, el mismo año. Mirá la porción azul: cuotas de membresía de
personas individuales. En la FSF es el renglón más grande de todos, el 51,5% del total. En la
OSI es el 2,4%, y los patrocinios corporativos más las subvenciones de fundaciones suman el
70%. La plata azul vota con los pies. La plata ámbar vota en el directorio.
Diez años de libros contables · 2015–2024
20152024
FSF · 2024estado auditado
Ingresos totales
$1,312,822
Activos netos
$1,351,023
Cuotas de membresía
$676,664 · 51.5%
OSI · 2024su propio informe anual
Ingresos totales
$1,091,000
Activos netos
no declarado
Cuotas de membresía
$26,000 · 2.4%
Una nota sobre las cuotas: las auditorías de la FSF no las detallaban por separado antes
del FY2021 (iban dentro de “contribuciones”), y la OSI jamás puso un renglón de cuotas en
un Formulario 990 en toda su vida. Su primera divulgación, en su propio informe anual 2025,
fue 2,4% para 2024. Una membresía que nadie se molesta en medir es una membresía que no
paga las cuentas.
Una cosa más que la década deja clara: la FSF nunca tuvo un fondo patrimonial. No hay un
colchón estilo universidad capitalizándose en silencio; los activos netos rondaron un solo año
de gastos durante diez años, y el pico de 2018–19 fueron regalos únicos, el millón de dólares de Handshake entre ellos, gastados haciendo el trabajo. Todos los años los libros vuelven a la misma
pregunta: ¿van a renovar suficientes personas? Depende de sus miembros más de lo que creés. La
curva de la OSI también sube, y ya viste de quién es la plata que la dobla.
El muro de patrocinadores de la OSI · julio de 2026
21 patrocinadores corporativos en 8 niveles
con nombre, más dos fundaciones.
Titanium1›
Automattic
Diamond3›
MongoDB
Cisco
Amazon Web Services
Platinum3›
Bloomberg
Google Open Source
Microsoft
Gold5›
Capital One
GitHub
Red Hat
Sentry
Eclipse
Silver2›
OpenLogic by Perforce
Block
Bronze2›
Blindside Networks
pretix
Partner2›
DLA Piper
LPL
Community3›
Open Project
Sourcegraph
WordUnscrambler
Si querés saber qué compra la plata de los patrocinadores, mirá lo que la OSI le hizo a su
propio documento fundacional. En 2024 despachó la Definición de IA de Código Abierto, que
bendice sistemas de IA como “código abierto” aun cuando los datos de entrenamiento que los
construyeron permanecen secretos. El veredicto de la Software Freedom Conservancy está en su
título: la definición “erosiona el significado de código abierto”. La defensa de la OSI fue que una definición más estricta habría excluido a todos los
sistemas existentes. Leelo de nuevo. El estándar se aflojó hasta que los productos de los
patrocinadores pudieran pasarlo. Eso no es custodia. Es un sello de goma con sala de espera.
La prensa del software libre lo vio pasar en tiempo real. Tux Machines siguió la ola de openwashing a fines de 2024 y retransmitió la crítica de la Conservancy cuando se nombró directamente a los que pagan. El patrón que esa cobertura encuentra una y
otra vez es el que el gráfico de arriba ya te mostró: una organización que certifica lo que
el muro de logos necesite certificado.
Techrights, que cubre a la OSI desde hace más de una década, es más crudo. Su serie
documenta lo que llama la corrupción de la OSI,
describiendo una pantalla de Microsoft y amigos que sus enemigos originales simplemente devoraron,
financiada tan de arriba que la plata de los miembros apenas registra. Su obituario es una
línea: causa de muerte, sobornos de Microsoft.
Son palabras de pelea de un sitio militante, y así hay que pesarlas. Después volvé a mirar
el gráfico. Cuotas al 2,4%. Los críticos más duros de la OSI y el propio informe anual de la
OSI están describiendo la misma organización.
No hace falta adoptar la retórica de nadie para ver la forma. Cuando un cuerpo de estándares
vive de patrocinios, sus estándares derivan hacia sus patrocinadores, y la OSAID es esa
deriva impresa, ratificada y comunicada en gacetilla. La FSF lleva cuarenta años negándose a
doblar las cuatro libertades. La OSI dobló su documento fundacional la primera vez que la
plata se lo pidió. Una de esas definiciones va a significar lo mismo dentro de diez años. La
otra significa lo que el nivel Titanium del año que viene necesite que signifique.
En ausencia de control verdadero sobre los distintos sistemas (que controlamos, usamos,
poseemos o a los que simplemente nos conectamos) no podemos controlar nuestras vidas;
alguien más nos controla.
La buena voluntad que la OSI todavía traía a esta década, la viene gastando rápido.
Empecemos con un precedente que rompió en 2021: un custodio de licencias emitiendo una declaración oficial sobre una persona.
La OSI declaró “inapropiado” que el Dr. Stallman ocupara cualquier posición de liderazgo en
la comunidad, se negó a asistir a eventos que lo incluyeran, y cortó la colaboración con la
FSF hasta que fuera removido. Una organización construida para certificar licencias se
autonombró certificadora de personas, y empezó por el hombre que fundó el movimiento que
ella renombró. Las acusaciones en las que se apoyó fueron examinadas línea por línea, con
fuentes primarias, en stallmansupport.org.
Concluyas lo que concluyas ahí, el hecho institucional queda en pie: la OSI cortó a
propósito, por escrito, su último lazo de trabajo con el movimiento del software libre.
Después vino el trabajo de definición. La §11 cubrió lo que la Definición de IA de Código
Abierto permite; lo que vale agregar es que las complicaciones nunca terminaron. La
disidencia de la Software Freedom Conservancy y de otros no se apagó, y el contraste con el
otro bando es instructivo: la FSF convocó un grupo de trabajo en mayo de 2024 y sigue elaborando con cuidado criterios para aplicaciones libres de aprendizaje automático hasta el día de hoy, insistiendo en que los datos de entrenamiento y los scripts también
porten las cuatro libertades. Una organización se está tomando años para hacer bien la
libertad. La otra despachó lo que sus patrocinadores pudieran aprobar, contra reloj, y llamó
ruido a la disidencia.
Y el organigrama cuenta su propia historia. Cuando la oficina de dirección ejecutiva quedó
vacía a fines de 2025, llenarla llevó más o menos medio año de búsqueda, una cuidadora
interina y una campaña de reclutamiento; el titular de FOSS Force para la contratación final
dijo la parte que se calla: “Duane O’Brien Takes OSI’s Hot Seat” (“Duane O’Brien ocupa la silla caliente de la OSI”). Las instituciones sanas no penan
durante meses para regalar su puesto más alto. Las sillas calientes queman por algo: quien
se sienta hereda la lista de patrocinadores, la reacción contra la definición, y una
comunidad que cada vez se pregunta más para qué existe la organización.
Sumalo. Denunció al fundador del movimiento, dobló su documento fundacional para las líneas
de producto de sus patrocinadores, y apenas puede dotar su propia conducción. Ninguno de
estos es el problema de una organización que le responde a los usuarios, porque los usuarios
nunca fueron el electorado. La OSI representa a las corporaciones en la informática. Si sos
una persona en la informática, no te representa a vos, y sus últimos años son la prueba que
no deja de publicar sobre sí misma.
Nada de esto es un ataque a la gente del código abierto. La mayoría de ellos son la
comunidad: mantienen los paquetes, revisan los parches, contestan issues a las once de la
noche para desconocidos. Lo que se señala acá es un patrón continuo de malas prácticas en la
cúpula de la institución, no la gente que hace el trabajo bajo su nombre.
En el movimiento del software libre no vemos al bando del código abierto como un enemigo;
el enemigo es el software privativo (no libre).
Eso es textual. Los desarrolladores de código abierto son aliados en la pelea que de verdad
importa, la que es contra el software no libre. El desacuerdo no es una guerra entre bandos.
Es contabilidad: sincerar qué palabras, licencias e instituciones están ayudando al
movimiento del software libre, y cuáles lo drenan en silencio. Errá esa contabilidad el
tiempo suficiente y todo descarrila, con todos a bordo convencidos de que el tren anda bien.
El punto del Dr. Stallman es que la gente del código abierto no es el enemigo; el software
no libre lo es. Solo hace falta ser honestos sobre qué ayuda al movimiento del software
libre y qué podría descarrilarlo.
Tomá las oficinas de programas de código abierto de las universidades. Muchas hacen un
trabajo genuinamente bueno: sacan código de investigación de los cajones, enseñan a los
estudiantes a contribuir río arriba, ordenan líos de licencias para que la plata pública
produzca de verdad código público. Pero fijate para qué es el nombre. “Open Source Program
Office” es una frase construida para la planilla presupuestaria de un rectorado. Burocracia,
no filosofía. Lo que las buenas practican día a día se parece mucho al software libre; la
etiqueta vino mayormente abrochada al papeleo del financiamiento.
La institución es otra historia, y la diferencia es estructural. Ninguna organización que
deja que las empresas más grandes del mundo la conduzcan tiene tu interés en el corazón. No
puede. No porque su personal sea mala gente, sino porque a los incentivos no les importa. La
OSI vive del patrocinio corporativo, con Microsoft, Google, Amazon y Meta entre las firmas
de los cheques. La FSF no acepta ningún miembro corporativo. Las empresas pueden donar con
límites, y la donación no compra ni voto, ni asiento, ni palanca sobre la organización. Su
plata son cuotas de membresía de individuos. Gente como vos y como yo, de a cuarenta dólares
por vez. Uno de esos modelos de financiamiento puede ser despedido por su base. El otro es su base.
El poder no concede nada sin una exigencia. Nunca lo hizo y nunca lo hará.
El software libre vino primero, en 1983, y va a seguir acá al final, porque es el movimiento
mejor definido: cuatro libertades contra las que podés poner a prueba cualquier licencia en
una tarde, contra una marca cuyos propios promotores gastan la mitad del tiempo explicando
lo que no significa. Una definición con dientes envejece bien. Una con patrocinadores se
renegocia cada vez que los patrocinadores lo necesitan.
Todo lo de arriba era retórica. Esta parte no. La discusión entera de cuarenta años entra
en tres símbolos, y acá están.
Definiciones
Sea U el conjunto universal de todas las licencias de software. Definimos dos
subconjuntos de U:
F={ℓ∈U:ℓ cumple la Definicioˊn de Software Libre}
— las cuatro libertades: ejecutar, estudiar, modificar, redistribuir. Mantenida por gente
que dice “libertad” en público.
O={ℓ∈U:ℓ cumple la Definicioˊn de Coˊdigo Abierto}
— los diez criterios de la OSD. Mantenida por la OSI y una página de patrocinadores que ya
conocés.
La afirmación a demostrar:
F⊆O∧O⊈F, que juntas implican F⊂O.
Lema 1. F⊆O
Tomá cualquier licencia ℓ∈F. Por definición, ℓ otorga a los
usuarios la libertad de ejecutar, estudiar, modificar y redistribuir el software, lo cual
necesariamente exige que el código fuente esté disponible. Eso satisface los criterios
centrales de la OSD (redistribución libre, acceso al código, permiso para obras
derivadas), de modo que ℓ∈O. Formalmente:
∀ℓ(ℓ∈F⟹ℓ∈O)
Esto es exactamente la inclusión de conjuntos, así que F⊆O vale. Por
eso la sigla FOSS trata a los dos como casi superpuestos: toda licencia libre es
automáticamente una licencia de código abierto, porque ejercer las libertades de estudiar
y modificar exige la disponibilidad del código, que es a su vez un requisito del código
abierto. ∎
Lema 2. O⊈F
Para refutar la inclusión inversa alcanza con producir un único contraejemplo: una
licencia ℓ0∈O tal que ℓ0∈/F.
∃ℓ0(ℓ0∈O∧ℓ0∈/F)
Tomá ℓ0 = la Sybase Open Watcom Public License 1.0. Está aprobada por la
OSI, y no es libre: no permite hacer una versión modificada y usarla en privado. Un solo
testigo alcanza, y este testigo no es hipotético. Tiene sitio web, una votación de comité
y amigos (la §05 aportó tres más). El enunciado existencial es la negación lógica de O⊆F, así que la inclusión inversa falla. ∎
Fig. 1 — O ∖ F no es el conjunto vacío. Lamentablemente.
Combinando los resultados
Afirmación
Forma simbólica
Estado
Toda licencia libre es de código abierto
∀ℓ(ℓ∈F⟹ℓ∈O)
Verdadera
Toda licencia de código abierto es libre
∀ℓ(ℓ∈O⟹ℓ∈F)
Falsaexiste un contraejemplo
Lo libre es un subconjunto propio del código abierto
F⊂O
Verdadera
Teorema
Como F⊆O es verdadera y O⊆F es falsa, por
definición F es un subconjunto propio de O:
F⊆O∧F=O
F⊂O ∎
Observación
La diferencia de conjuntos práctica O∖F no es vacía: licencias
técnicamente abiertas pero filosóficamente no libres. Esa medialuna es el núcleo
matemático de toda la disputa: los dos bandos coinciden casi por completo en qué
licencias califican, y discrepan por completo sobre si lo que se defiende es la apertura o la libertad. Las corporaciones notaron cuál de las dos no
les incomoda.
Una observación empírica más sobre esa medialuna: casi nadie construye ahí. Las licencias
con las que los proyectos reales se publican, copyleft o permisivas, son las aprobadas
por la FSF: las GPL, BSD, MIT, Apache. El residuo O ∖ F es inventario de museo,
licencias con votaciones de comité y cero usuarios. Lo cual te dice para qué sirve
operativamente el “código abierto”: es una etiqueta para presentarles tu proyecto a las
corporaciones. No es lo que te protege. En la medida en que algo te protege, es el
copyleft, haciendo el mismo trabajo que hacía antes de que existiera la etiqueta.
El único “código abierto” en el que podés confiar es la parte que ya era software libre.
Nunca necesitaste la O. Necesitabas la F.
✦ vida, libertad y la búsqueda de la libertad informática ✦
«¡Es software libre, y te da libertad!»
“Cada vez que decís ‘software libre’ en lugar de ‘código abierto’, ayudás a nuestra
causa.” Eso es todo. Una palabra, dicha a propósito.
Y exigile más a las organizaciones que llevan puesto el nombre “código abierto”: las
fundaciones, las oficinas de programas, las conferencias patrocinadas. Si quieren tu
código y tu confianza, que digan software libre y lo digan en serio.
«Quienes renunciarían a una Libertad esencial para comprar un poco de Seguridad temporal
no merecen ni Libertad ni Seguridad.»
Cambiá “Seguridad” por “una app un poquito más linda” y la frase sigue cerrando.
No cuesta nada. Es libre. Y gratis, por esta única vez, también.